Polifarmacia es el concepto que se usa cuando un paciente toma “muchos medicamentos”.

La siguiente pregunta es: ¿Cuántos son “muchos medicamentos”? La respuesta ha ido variando al alza con el tiempo.

En el año 1997 se definió como polifarmacia menor, tomar de 2 a 4 medicamentos y polifarmacia más de 5.

Actualmente se considera” polifarmacia” tomar entre 5 y 10 medicamentos y “polifarmacia excesiva” más de 10 medicamentos.

En Cataluña se estima que hay más de 700.000 personas que toman entre 5-10 medicamentos y más de 100.000 que toman más de 10.

El colectivo de gente mayor es el más afectado, a más años más patologías y dolencias, por tanto, más medicamentos, ya sean para tratar la enfermedad o para paliar sus efectos secundarios.

No se necesita ser un experto en farmacología, para intuir que hay un alto riesgo de posibles efectos adversos, tomar muchos medicamentos.

Sea porque los medicamentos interaccionan entre ellos, o por la genética del paciente.

Sobre esta problemática, hace unos años ha surgido el concepto de “desprescripción”.

Es decir, que cuando se prescribe un medicamento –quizás no todos, pero en muchos- se ha de tener una idea de cuándo se debe dejar de administrar.

Recomiendo una editorial que acaba de publicarse en “Amercican Family Physician “: Deprescribing Is an Essential Part of Good Prescribing . El mismo título, lo dice todo.

También, en junio de este año, Medscape, hace una presentación con mensajes muy concretos sobre 11 medicamentos: 11 Drugs You Should Seriously Consider Deprescribing. Comento a continuación:

Inhibidores de la bomba de protones (IBP).

Son medicamentos cuya acción principal es la reducción pronunciada y duradera de ácido en el jugo gástrico.

Entre ellos, el omeprazol y otros similares. Generalmente se prescriben para contrarrestar el efecto de otros medicamentos (antiinflamatorios no esteroideos, entre otros). En personas con reflujo gastro-esofágico, o en casos de úlcera de estómago.

Se estima que solo en Cataluña 950.000 personas reciben un tratamiento prácticamente crónico con IBP. ¡Una barbaridad!

El cambio de pH que producen, dificulta la absorción del magnesio y del calcio. Su uso crónico favorece la osteoporosis y riesgo de fractura. También la hipoclorhidria, provoca la disbiosis intestinal, con riesgo de infecciones por Clostridium difficile, entre otros.

Hay muchos otros efectos adversos. Cuando se prescriben, se debería programar su desprescripción, ofreciendo alternativas.

Estatinas (simvastatina, pravastatina etc) para prevención primaria. Todavía se está abusando del concepto, que el colesterol “cuánto más bajo mejor”, pero no es verdad.

Efectivamente, no hay que tenerlo “alto”. Pero el colesterol, es necesario para sintetizar ácidos biliares y hormonas esteroideas. Forma parte de todas las membranas de nuestras células y muchas otras funciones.

En Cataluña unas 900.000 personas toman habitualmente estatinas y posiblemente, en todos los casos no son estrictamente necesarias.

Las estatinas no están exentas de efectos secundarios, como miopatías debidas a polimorfismos genéticos del paciente. También interactúan iones con diversos medicamentos.

Se debe valorar muy bien, cuando se recetan las estatinas “para siempre”.

Benzodiazepinas. Son medicamentos ansiolíticos y sedantes que se prescriben para dormir (acción corta) o tener sedación permanente. Son medicamentos muy utilizados en ancianos, sobre todo en las residencias.

Debido a interacciones con otros medicamentos, o a los propios genes del paciente, su concentración en sangre puede aumentar y estar fisiológicamente en sobredosis.

Entre alguna de sus consecuencias, son el alto riesgo de caídas con fracturas.

Según datos de un estudio realizado en Francia, el 30% de accidentes de tráfico de la franja matinal de 6 a 10 de la mañana, en un 30% el casos, tenía niveles altos de benzodizepinas en sangre.

Y así podríamos ir siguiendo hasta los 11 grupos de fármacos señalados, entre ellos laxantes, betabloqueantes, etc. Recomiendo su lectura.

Es obvio que hay enfermedades crónicas –por ejemplo, diabetes o hipertensión- que los afectados, deben tomar una medicación toda su vida.

Lo que se recomienda es, que no sea siempre el mismo fármaco.

Se debe revisar muy profundamente los efectos adversos a largo plazo de cada medicamento, y en función de los mismos, no prescribirlo “de por vida” sino cada 2-3 años cambiarlo por otro de acción farmacológica similar, pero estructuralmente diferente.

El título de la editorial que al inicio hemos recomendado, dice claramente: La desprescripción es una parte esencial de la buena prescripción.

 

Dr. Juan Sabater Tobella
Eurpean Specialist in Laboratory Medicine (EC4)
Member of the Pharmacogenomics Rsearch Network
Presidente de EUgenomic

 

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