A medida que envejecemos, aumentan los achaques y muchos de ellos podríamos evitarlos adaptando hábitos de vida y una alimentación adecuada, pero a veces resulta más cómodo ir al médico y que recete “una pastilla” para solucionar el problema.

Soy un defensor de los medicamentos, gracias a ellos la humanidad ha prolongado de forma espectacular nuestra supervivencia activa, pero en ocasiones hay un abuso, y se tiene la sensación que si el médico sólo recomienda cambiar unos hábitos de vida, no hace de “buen médico”. Sin embargo, hay que tener presente que a más medicamentos, más riesgo de interacciones y por tanto más probabilidades de efectos adversos.

Un estudio realizado en USA, ha concluido que en el 2006, el 30% de la población de más de 65 años tomaban una media de 5 medicamentos al día, y ha pasado al 35% de la población en el 2011. Cifra que supone que más del 15 por ciento de ésta población, está con un alto riesgo de interacciones medicamentosas, y algunas pueden ser graves.

Los medicamentos más utilizados en la llamada tercera edad son los relacionados con las patologías crónicas, entre ellas la diabetes (que podría prevenirse con una alimentación adecuada y haciendo ejercicio), estatinas para bajar el colesterol (podemos decir lo mismo), antiagregantes de las plaquetas para prevenir trombosis (podemos decir lo mismo), medicamentos para la hipertensión arterial (influyen muchos factores genéticos, pero que se agrava con la obesidad y ésta puede mejorarse con la dieta y ejercicio), analgésicos para calmar el dolor (tema muy complejo pues no hay “dolorómetros”)  y medicamentos para la depresión (la soledad, el sentirse excluido, y falta de cariño).

Es por tanto lógica la polimedicación del “senior” pero hay que tener en cuenta que con ello se aumenta mucho el riesgo de efectos adversos, provocados por un conjunto de factores: los genes de cada paciente y las interacciones de los fármacos, que pueden provocar la acumulación de alguno (efectos tóxicos por sobredosis) o la eliminación más rápida (fracaso terapéutico por baja dosis efectiva) y a veces estos efectos adversos, en vez de hacer simplemente una búsqueda de sus causas en un programa de Farmacogenética, simplemente “se tratan” con más medicamentos y con ello más posibilidades de efectos adversos.

En los pacientes polimedicados debería ser rutina, y casi diría obligación,  la consulta en un programa de Farmacogenética las interacciones medicamentosas, sin olvidar nunca que los genes de cada paciente actúan en el efecto y consecuencias de la medicación. Por ejemplo en determinados pacientes, según sus genes, las estatinas les pueden producir miopatías graves incluso con muerte, los anticoagulantes a las dosis “estándar” pueden producir hemorragias a veces muy graves, los antidepresivos pueden producir intoxicación y así podríamos ir diciendo de casi todo el vademécum de medicamentos.

En especial, los centros de geriatría si utilizaran estos recursos, se ahorrarían muchas patologías de sus residentes y ahorrarían mucho dinero en tratar efectos adversos que no hubieran ocurrido.

Dr. Juan Sabater-Tobella
European Specialist in Clinical Chemistry and Laboratory Medicine (EC4)
Member of the Pharmacogenomics Research Network

Presidente de EUGENOMIC®

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Changes in Prescription and Over-the-Counter Medication and Dietary Supplement Use Among Older Adults in the United States, 2005 vs 2011

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Última revisión: Nov 6, 2018 @ 5:22 pm