Seguimos con el tema osteoporosis, una enfermedad a la que no se le suele dar importancia hasta que ocurren los primeros accidentes.

Uno de los problemas asociados a la menopausia, debido al déficit de estrógenos, es la osteoporosis.

El estradiol es una hormona esencial en la activación de los osteoblastos, es decir las células progenitoras de los osteocitos, las células que forman el hueso.

Si al inicio de la menopausia, se decide realizar tratamiento hormonal de reemplazo (THR), la osteoporosis se retardará y por tanto también sus consecuencias.

Nos hemos referido en muchos blogs al THR, considerándolo según múltiples estudios y trabajos que lo respaldan, muy positivo dicho tratamiento.

Pero, sin dejar de tener en cuenta posibles variantes genéticas de algunas pacientes, pues en función de las mismas, pueden ocasionar mayor riesgo de trombosis y/o cáncer de mama. Riesgo que fácilmente se puede conocer, mediante un sencillo estudio genético.

La osteoporosis debe tratarse, y mejor preventivamente, pero no todos los tratamientos sirven igual para todos.

Sobre todo, debe haber una secuencia de “menos a más” complejidad, dado que el proceso y por tanto el tratamiento es crónico y los efectos adversos, se deben tener muy en cuenta.

El 19 de mayo se han publicado en USA las nuevas guías para el tratamiento de osteoporosis en la menopausia: Pharmacological Management of Osteoporosis in Postmenopausal Women: An Endocrine Society Clinical Practice Guideline

En primer lugar, recordar lo elemental. Para la osteoporosis, tanto en prevención como coadyuvante, cuando se trata farmacológicamente, ha de haber un aporte adecuado de Calcio, Magnesio, Vitamina D y vitamina K2.

Y en proporciones adecuadas, no basta solo “calcio y vitamina D”. Sin olvidar que, los inhibidores de la bomba de protones (omeprazol y similares), son causa de osteoporosis.

El tratamiento de inicio son los bifosfonatos, lo confirman, y dicen que ha de ser para un máximo de cinco años. Además, que no hace falta una densitometría ósea durante este tiempo. Terminado éste se evalúa, y se sigue con otro medicamento.

Sus posibles efectos adversos son, en algunos casos, la osteonecrosis de la mandíbula, que es una forma de osteomielitis crónica, que afecta principalmente a la mandíbula y el maxilar, y es atribuible a los patógenos que suelen estar presentes en la mucosa de la boca y a otras medicaciones.

Otro factor a tener en cuenta es, que alargan el QT y por tanto pueden producir arritmias. Hay que controlar que la paciente no tome otros medicamentos que también alarguen el QT.

Una vez transcurridos los cinco años, lo indicado es pasar a denosumab, fármaco que pertenece al grupo de los anticuerpos monoclonales.

Este medicamento se clasifica como un “agente modificador del hueso”, actúa uniéndose a un ligando llamado RANKL  impidiendo su unión al RANK (receptor), lo que ocasiona una inhibición en la formación de osteoclastos, es decir frena la destrucción del hueso.

Pero, ocasiona algunos efectos adversos, como infecciones, procesos inflamatorios y necrosis de la mandíbula. Tampoco debe prescribirse por más de cinco años, debido a sus posibles efectos adversos.

Un tercer nivel, y es la novedad de las guías, en relación a las del año 2017 es, que aceptan la teriparatida o abaloparatida, incluso para el tratamiento inicial en casos graves.

Son fármacos sintéticos, análogos de la hormona paratiroidea (PTH).  La PTH estimula la formación de hueso, por efectos directos sobre las células formadoras de hueso (osteoblastos) y favorece la excreción de fosfatos por el riñón.

Por otro lado como vemos, que las guías no olvidan la terapéutica hormonal de reemplazo (THR). Se refieren como medidas preventivas, que pueden en el inicio, ser exclusivas o ser complementarias a los tratamientos antes señalados.

Es decir, la terapéutica hormonal de reemplazo, está demostrado que, si se realiza precozmente, retrasa mucho la necesidad de los tratamientos específicos, antes expuestos.

Pero al mismo tiempo, hay que considerar que hay un riesgo genético a la osteoporosis. Actualmente, se conocen polimorfismos, que personalizan el riesgo de osteoporosis en cada mujer.

Por tanto, en mujeres premenopáusicas, es aconsejable el estudio de determinados polimorfismos genéticos relacionados con la osteoporosis, que permite en su caso, conocer el posible riesgo a sufrir la enfermedad.

En consecuencia, llevar un control más estricto del aporte en la dieta de complementos de Vitamina D, calcio, magnesio y vitamina K2. Al mismo tiempo que recomendar determinados hábitos de vida, que favorecen la síntesis del hueso.

Estamos en el siglo XXI y tenemos ya datos, trabajos y publicaciones suficientes de Genómica para la prevención personalizada de muchas patologías.

 

Dr. Juan Sabater Tobella
European Specialist in Laboratory Medicine (EC4)
Member of the Pharmacogenomics Research Network

Presidente de Eugenomic

 

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