A muy largo plazo casi todos los medicamentos tienen efectos adversos.

La primera guía de “desprescripción” se hizo para los inhibidores de la bomba de protones (IBP). El más prescrito es el omeprazol.

Se suelen prescribir como protectores gástricos, cuando se toman antiinflamatorios no esteroideos (ibuprofeno y otros), para el reflujo gástrico-esofágico, para la infección con Helicobacter pylori y para las ulceras gástricas.

El problema es que se prescriben, pero no se indica cuando deben dejarse de tomar.

Hay personas que “por si acaso”, posiblemente sin necesitarlo ya, siguen tomando alguno de estos fármacos a lo largo de años.

Solo en Cataluña unas 900.000 personas toman habitualmente omeprazol. Y se estima en España son unas 4.5 millones de personas que lo toman. ¡Una barbaridad!

Acaba de publicarse una muy amplia revisión, sobre los efectos perjudiciales de los inhibidores de la bomba de protones, en largos tratamientos.

Resumo los puntos más interesantes:

1.- Infección por Clostridium difficile.

El cambio de acidez del estómago, causa disbiosis y facilita el crecimiento de gérmenes patógenos.

Hay una asociación de los inhibidores de la bomba de protones con la infección por C. difficile, que habrá que tratar con antibióticos, y ocasionará más disbiosis.

2.- Omeprazol y clopidogrel.

El clopidogrel (Plavix®) es uno de los antiagregantes de las plaquetas más prescritos para evitar microtrombos y muy especialmente cuando se pone un stent.

El clopidogrel es un profármaco que se transforma en el fármaco activo, mediante la enzima hepática CYP2C19.

Pero, el omperazol es un inhibidor potente de la enzima CYP2C19.

Por tanto, al tomarlo junto con clopidogrel, se anula el efecto del clopidogrel, lo que origina un alto riesgo de trombosis.

En estos casos lo recomendable es prescribir lansoprazol, que es también inhibidor pero mucho más débil.

Aprovecho para recordar, que hay personas que tienen polimorfismos genéticos en el gen CYP2C19, cuya consecuencia es una enzima con nula actividad.

Por tanto, a estas personas, no se les debe prescribir clopidogrel, sino otro antiagregante. Y las personas que tienen una actividad reducida, habrá que prescribirles más dosis.

3.- Micronutrientes. El cambio de acidez del estómago hace que se libere menos vitamina B12 de los alimentos, por lo que hay que controlar en sangre que no haya déficit y en caso afirmativo administrar suplementos.

También se dificulta la absorción del magnesio, por lo que deberá controlarse en sangre y si hace falta dar suplementos.

4.- Riesgo de neumonía. La revisión de varios meta-análisis, llevan a los autores a la conclusión de que el tratamiento con (IBP) se asocia a más riesgo de neumonías.

5.- Osteoporosis. Es de los temas más estudiados. El cambio del pH gástrico ya comentado, dificulta la absorción del magnesio, muy necesario para la calidad del hueso, pero dificulta también la absorción de calcio.

Por lo que, a largo plazo, los (IBP) agravan el proceso natural de osteoporosis, principalmente en mujeres.

6.- Enfermedad renal crónica. Según los autores, el 10% de la población de USA padecen una enfermedad renal crónica. Probablemente en España también. Se han realizado muchos estudios sobre la relación de los (IBP) y afectación renal.

Por tanto, no deben prescribirse inhibidores de la bomba de protones en pacientes con enfermedad renal, excepto en situaciones puntuales muy concretas.

En la rigurosa revisión realizada, no se evidencia una relación entre los IBP con la perforación gástrica o la demencia.

Conclusión:

Insistimos una vez más, en la necesidad de dar un plazo a la medicación, cuando se prescribe.

En particular, señalar cuando dejar de tomar, en este caso los IBP, debido a sus graves efectos a largo plazo.

 

Dr. Juan Sabater Tobella
European Specialist in Laboratory Medicine (EC4)
Member of the Pharmacogenomics Research Network
Presidente de Eugenomic

 

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