La FDA prohibió en el 2015 prescribir codeína a niños, por el riesgo de paro respiratorio y muerte en algunos casos. Poco tiempo después la AEMPS española también lo ha prohibido. Tema del que ya nos hemos referido en anteriores blogs.

Parece que nos repitamos, pero lamentablemente, las recomendaciones de las agencias del medicamento, son ignoradas en muchas ocasiones.

Recientemente la FDA ha publicado una nueva “Drug Safety Communication”.

Recuerda que no se debe prescribir codeína, ya no tan sólo a niños, sino también a adolescentes hasta los 18 años, ni tampoco a madres lactantes.

Añade además la FDA, que debe advertirse en los folletos de los medicamentos. La codeína, en jarabe principalmente, era y sigue siendo, el analgésico que con más frecuencia se prescribe a los niños tras una operación de amigdalotomía o tonsilectomía. Se prescribe así mismo, por su efecto antitusígeno, analgésico o sedante, entre otros. 

Por lo visto, algunos médicos al enterarse del comunicado de seguridad, han dejado de prescribir codeína. En su lugar, una gran mayoría, prescriben tramadol. Fármaco opioide, de los más recetados en USA y también en España.

La advertencia se explica a través de la Farmacogenética. Tanto la codeína como el tramadol son profármacos. Es decir, son moléculas químicas que en sí, no tienen efecto farmacológico. Es por acción de una enzima hepática –la CYP2D6- que se convierten en la molécula farmacológicamente activa.

El gen CYP2D6, que codifica la enzima CYP2D6 es muy polimorfo. Tiene variantes genéticas, de gran frecuencia poblacional, que le confieren en determinados casos: baja actividad (IM), nula actividad (PM) o actividad ultrarrápida (UM).

Si se prescribe codeína o tramadol a un paciente que es (IM) le hará menos efecto del esperado. Si a un paciente que es (PM) no le hará efecto. Y  si se receta a uno que es (UM) transformará tanto la codeína como el tramadol muy rápidamente a su forma activa y se producirá un pico de sobredosis. En consecuencia, le provocará puntualmente una sintomatología de intoxicación por opioides, con problemas respiratorios e incluso muerte.

La reacción es peor en lactantes, que sean (UM) y que reciban estos fármacos a través de la leche materna, en el caso de que se hayan prescrito a la madre. Tener en cuenta que en nuestro entorno, la frecuencia de personas UM es de un 10%.

Sin olvidar que también interaccionan los fármacos con las “plantas medicinales”.

Por ejemplo: un paciente que no tiene polimorfismos del gen CYP2D6 y que por tanto en teoría, se le puede prescribir codeína y/o tramadol. Si toma además fluoxetina (antidepresivo) y/o extracto de hojas de frambuesa, que son inhibidores potentes del CYP2D6. Tanto la codeína como el tramadol no se van a transformar en el fármaco activo, y en consecuencia no le va a calmar el dolor. Este mismo efecto a su vez, lo provoca el cannabis y decenas de medicamentos y otros productos naturales.

Recordemos que el cannabis interfiere con muchos medicamentos, y por ello los fumadores, pueden tener muchas reacciones adversas a los medicamentos.

Lo científicamente correcto, y confiamos que en breve se adapte este protocolo, que previamente a una prescripción de fármacos, se conozcan los polimorfismos genéticos del paciente y se le prescriba la medicación, seleccionándola en función de su genética.

Aunque ya no soy cronológicamente joven, me gustaría vivir lo suficiente para verlo.

Dr. Juan Sabater-Tobella
European Specialist in Clinical Chemistry and Laboratory Medicine (EC4)
Member of the Pharmacogenomics Research Network

Presidente de EUGENOMIC®

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IMAGEN: Pressfoto/Freepik

Última revisión: Nov 6, 2018 @ 5:23 pm