Recurrimos a la definición científica del “TDAH” : “Trastorno neurobiológico que aqueja tanto a adultos como a niños. Descrito como un patrón persistente o continuo de inatención y/o hiperactividad e impulsividad, que impide las actividades diarias o el desarrollo personal.” Está caracterizado por la dificultad de mantener la atención voluntaria frente a actividades, tanto académicas como cotidianas, unido a la falta de control de impulsos.

Toda la vida hemos visto niños inquietos, con déficit de atención, que incluso el volar de una mosca ya les distrae, que no se pueden estar quietos, y que ponen nerviosos a padres y educadores. Son niños que precisan de una gran atención, dedicación y paciencia, tanto en casa como en la escuela, aunque en ocasiones lo cómodo es admitir que son enfermos con un síndrome y escoger el camino de las escuelas especializadas y los medicamentos.

No tengo suficiente conocimiento ni formación en pedagogía-psiquiatría para pronunciarme, supongo que hay una escala muy amplia y lo difícil es definir la frontera entre lo normal y lo patológico. Mi única experiencia es la de un nieto nervioso y estresante, que a los 12 años le diagnosticaron el “síndrome”, y que gracias a que sus padres –y la escuela- le dedicaron mucha atención, sin tratamiento alguno, tan sólo motivarle para el deporte y el estudio. Hoy a sus 20 años es un muchacho ejemplar por su conducta, que forma parte de un equipo de futbol sala, tiene excelentes notas en la universidad y colabora con ONGs. Pero sin duda hay múltiples casos que necesitan medicación.

El “padre científico del síndrome”, el psiquiatra americano Prof. Leon Eisenberg, aplaudido durante décadas, dijo a la edad de 87 años, siete meses antes de su muerte en su última entrevista: “El TDAH es un ejemplo de una enfermedad ficticia”.

El fármaco más utilizado para el síndrome, es el metilfenidato. En el folleto ya se indica que puede producir adicción, lo que es un gran inconveniente si se inicia en la edad infantil, por lo que tiene que administrase el menor tiempo posible y sólo como ayuda puntual y no como solución definitiva. Pero además tiene muchos efectos adversos que ya se describen en los comunicados de la FDA-USA, desde riesgo de muerte súbita e infarto de miocardio,  a aumento de la presión sanguínea y taquicardia, y en niños con una posible base psicótica, les puede exacerbar la enfermedad, y si su uso se prolonga muchos años, puede frenar su crecimiento.

Acaba de publicarse el 31 de mayo en el British Medical Journal, un importante trabajo que aporta datos sobre el riesgo de arritmias (OR =1.6) en niños tratado con metilfenidato, e insisten que sólo se prescriba para casos muy rebeldes a los tratamientos conductuales sin tratamiento farmacológico, por lo que recomendamos que si se considera oportuna su prescripción, se haga un estricto y frecuente seguimiento de los parámetros cardíacos de los niños.

Desde un punto de vista Farmacogenético presenta pocos problemas pues se elimina vía esterasas, en cuyos genes no se ha detectado polimorfismos que influyan sobre el fármaco. Solamente recordar que no se deben dar conjuntamente con antidepresivos IMAOs, por riesgo de trombosis o infarto de miocardio.

Dr. Juan Sabater-Tobella
European Specialist in Clinical Chemistry and Laboratory Medicine (EC4)
Member of the Pharmacogenomics Research Network

Presidente de EUGENOMIC®

Trabajos citados:
Cardiovascular safety of methylphenidate among children and young people with attention-deficit/hyperactivity disorder (ADHD)

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Última revisión: Nov 6, 2018 @ 5:22 pm