Es frecuente que las personas que tienen dolor, duerman mal. Pero acaba de publicarse un importante trabajo: “Effects of sleep changes on pain-related health outcomes in the general population” que nos demuestra que dormir mal puede ser precisamente la causa del dolor.

Se trata de un estudio de revisión. Se hizo una búsqueda de trabajos que relacionaban cantidad y calidad del sueño y dolor, en las bases de información médica: PubMed, MEDLINE, Ovid EMBASE, y Proquest PsycINFO. Se encontraron 16 estudios longitudinales sobre el tema y en conjunto involucraba a 61.000 personas.

El trabajo es complejo y nada fácil de interpretar. Se trata de ligar resultados de 16 trabajos diferentes y no siempre es fácil. Hay un concepto que me gustaría destacar.

En algunos trabajos se demostró que, dormir poco disminuye las células NK (Natural KIller), que son las células encargadas de ayudar a los macrófagos a la destrucción de virus, bacterias y células cancerosas. Si se restablecían las horas de sueños, se normalizaba el número de células NK.

Esto nos señala una secuencia:

A menos horas de sueño, menos defensas. Más riesgo de infecciones. Mayor secreción de moléculas de la inflamación (interleukinas). Aumento del estrés, rotura del biorritmo de cortisol y cronificación de las dificultades para dormir.

Hay dos conceptos clave: Cantidad de sueño y calidad del sueño.

Dormir poco, en muchos casos se asoció a más frecuencia de referir dolor. Pero no siempre que se restablecían las horas de sueño, se mejoraba el dolor.

Quizás lo más constante en los diferentes trabajos fue la calidad del sueño.

Se vio, que si mediante medicación, corrección dietética o ayuda psicológica, (en los casos con problemas de esta índole), al mejorar la calidad del sueño, se les mejoraba el dolor. Obviamente esto no afectaba a personas con artritis manifiesta, o patologías definidas.

El resumen del complejo trabajo, es:

Dormir poco y en particular, el deterioro de la calidad de sueño, tiene un efecto negativo sobre el dolor, y puede ser una causa que lo desencadene.

Y vuelvo la vista atrás sobre varios blogs recientes, haciendo eco del gran aumento de la prescripción de opioides para el dolor.

De este trabajo se desprende un concepto muy claro, práctico y sencillo:

Cuando un paciente refiera dolor, sin que se encuentre una causa orgánica específica, antes de prescribirle un analgésico, se le debiera preguntar: ¿Cuántas horas duerme? ¿Duerme bien?

Según la respuesta, antes de prescribir un analgésico, tratar de mejorar su cantidad o calidad del sueño.

Sin embargo, conviene recordar que prescribir analgésicos y sobre todo opioides, puede desencadenar efectos adversos graves, dependiendo de variantes genéticas del paciente.

Que además, hay interacciones entre fármacos que pueden ser mortales.

Entre ellas, como ya hace poco hemos referido, la comedicación de opioides con benzodiacepinas, que puede producir –y produce- muchas muertes, por depresión del sistema nervioso central, que deriva en depresión respiratoria.

Adjuntamos el link de la reciente Comunicación de Seguridad de la FDA-USA, del 20-10-2107, (Strongest Warning) alertando que NO deben prescribirse conjuntamente opioides con benzodiacepinas, por riesgo de muerte.

Termino como casi siempre: Primum non nocere.

Dr. Juan Sabater-Tobella
European Specialist in Clinical Chemistry and Laboratory Medicine (EC4)
Member of the Pharmacogenomics Research Network

Presidente de EUGENOMIC®

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Última revisión: Dic 11, 2017 @ 6:17 pm