El tabaquismo, es uno de los hábitos de vida más perjudiciales.

Es además, el primero en número de adictos, seguido del alcohol y las drogas ilícitas. Destacando de éstas, el cannabis y la cocaína. En particular la cocaína, lamentablemente está experimentando un aumento muy considerable en nuestra sociedad.

El número de fumadores ha aumentado en los últimos tres años, pasando del 21 % al 23,3 %. Se ha producido también un retroceso del porcentaje de ex-fumadores, del 37 % al 33,7 %.

La mayor proporción de fumadores (25%) está en las edades comprendidas entre los 20 y 29 años. Entre 30 y 39 años son el 23,4 % y los menores de 20 años, son el 21,7 %. Datos tomados de EFE-salud. https://www.efesalud.com/el-tabaquismo-en-cifras/

Cada año un tercio de los fumadores se plantea dejarlo, pero solo un 3% lo consigue.

Cuando a un fumador se le advierte que hay un riesgo de sufrir problemas cardiovasculares (entre otros muchos), como justificante en la mayoría de casos, contestan “llevo mucho años fumando, si lo dejo ahora, es ya tarde para tener beneficios de salud”.

En la prestigiosa revista JAMA recientemente se ha publicado una investigación  que nos aporta datos muy importantes para contestar a nuestro amigo, y decirle que está equivocado. El trabajo ha sido realizado en colaboración entre varios centros de USA y lleva por título:

Aunque una persona, lleve muchos años fumando, dejarlo le va a reportar importantes beneficios a su salud.

Basaron su estudio en el seguimiento de 8.870 acérrimos fumadores (más de 20 cigarrillos al día), con una edad media de 42.2 años (SD, 11.8). El 45% eran hombres, de ellos 5.308 eran “fumadores de toda la vida”. Unos dejaron de fumar y otros no.

Sus conclusiones literalmente traducidas, fueron:

Entre los fumadores pertinaces, dejar de fumar, se asoció con un riesgo significativamente menor de enfermedades cardiovasculares (ECV) dentro de los 5 años, en relación con los que no dejaron de fumar.

Lo más interesante a destacar de esta investigación, es: si se deja de fumar, aunque sea un fumador “empedernido”, el riesgo cardiovascular baja significativamente.

Es decir, se obtiene un beneficio para la salud, aunque obviamente no se sitúa al nivel de los nunca fumadores. El daño causado es irreversible.

Los interesados en el tema podrán encontrar en el mismo un gran número de tablas y gráficos que analizan cuidadosamente los datos, sus variables, factores que intervinieron, relación de patologías.

Pero no se puede dejar de considerar las ayudas para dejar de fumar.

Soporte psicológico, parches de nicotina, fármacos. Y surge la pregunta ¿todas van a tener el mismo efecto a personas diferentes?

Pues no, unos tratamientos van mejor que otros, y esto depende de las variantes genéticas de cada fumador. 

Se dispone de perfiles de polimorfismos genéticos que orientan, en función de los genes de cada persona que informan, cuál es o cuales son las ayudas, psicológica o farmacológica, que irán mejor a cada persona para ayudarle a la deshabituación tabáquica.

No obstante, cuando se decide por un tratamiento farmacológico, se debe tener en cuenta que la respuesta al fármaco, puede variar en función de los polimorfismos genéticos del paciente.

Como también puede alterar el resultado del tratamiento, según posibles interacciones, positivas o negativas, con otros medicamentos o hierbas que habitualmente consuma el paciente.

Tener en cuenta las variantes genéticas de la persona, sus posibles interacciones  con la medicación que toma y aplicar correctamente la Farmacogenética, cuando el tratamiento es farmacológico, son cuestiones esenciales para un tratamiento eficaz.

Son temas esenciales para mejorar esta lastimosa cifra, del que cada año, solo el 3% de los fumadores que hacen el propósito de dejar de fumar, lo consigue.

 

Dr. Juan Sabater Tobella
European Specialist in Laboratory Medicine (EC4)
Member of the Pharmacogenomics Research Network
Presidente de Eugenomic

 

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