Las primeras noticias que se tienen del origen del café, son de la actual Etiopia y Arabia en el siglo XIII, y que se introdujo en Europa en el siglo XVII.

Se considera que fue el médico y botánico alemán Léonard Rauwolf quien viajó por Oriente buscando medicamentos a base de hierbas,  y en 1582 publicó por primera vez su descripción y propiedades.

En su narración decía, “es un remedio contra todo tipo de males, muy bueno en la enfermedad, especialmente del estómago”.

Sobre su uso en aquellos tiempos, hubo muchas controversias por parte de religiones tanto la protestante como la católica.

El café, y por tanto su infusión, además de lo más preciado, que es la cafeína, contiene muchas sustancias químicas, algunas de las cuales tienen efectos antioxidantes, y aporta también minerales y algunas vitaminas del grupo B.

La composición química de una taza de café, la podemos encontrar en este informe del Fondo Nacional del Café (Colombia).

La infusión de café en sus diversas modalidades, está consolidado como una bebida de uso habitual. Por su parte, la cafeína, se añade frecuentemente en diversas bebidas refrescantes.

Los efectos más evidentes de la cafeína, son su capacidad excitante que ayuda a contrarrestar la fatiga; aumenta el ritmo cardíaco; estimula la actividad intelectual y es diurética.

Como es sabido, su capacidad excitante, origina a determinadas personas, cuando se toma en exceso o de noche, su dificultad en conciliar el sueño.

Es un vasoconstrictor cerebral, por lo que es beneficioso para la migraña, causada principalmente por mecanismos que inducen la vasodilatación cerebral.

Pero también hay noticias difundidas con intereses comerciales o simplemente por alguna publicación que lo defiende. Afirman que la cafeína –tomar café o bebidas con cafeína- previenen la diabetes y  varias enfermedades y dolencias.

En alguna conferencia que he asistido he escuchado la panacea de sus beneficios.

Para ayudar a clarificar el tema, me remito a un posicionamiento sobre el mismo, de la EFSA (European Food Safety Agency).

Publicó, lo que NO se puede poner de la cafeína, en los productos que la contienen.

Dejan claro que:
1.- No disminuye el riesgo de diabetes
2.- No ayuda a perder peso ni a mantenerlo.
3.- No mejora las prestaciones físicas o resistencia en el deporte.
4.- Una dosis solo de 40-75 mg NO ayuda a mantener la atención y la vigilia.

La misma EFSA en otro documento, establece los riesgos del exceso de cafeína.

Informa también, sobre las dosis recomendadas y el contenido en cafeína de diversas infusiones y bebidas.

El exceso de cafeína causa muchos efectos indeseables: nerviosismo, agitación, ansiedad, insomnio, irritación estomacal, y diarrea entre otros.

El uso regular de altas dosis de cafeína conduce a un fenómeno de adicción, y cuando se trata la misma, el “síndrome de abstinencia” provoca dolores de cabeza, somnolencia, nerviosismo, ansiedad e irritabilidad.

Se recomiendan dosis en función del sexo y edad.

A largo plazo, el consumo excesivo de cafeína se ha relacionado con problemas cardiovasculares y, en mujeres embarazadas, con retraso en el desarrollo del feto.

La ingesta máxima de un adulto varón es de unos 400 mg/día.

A título orientativo:

Un café “americano” contiene unos 90 mg. de cafeína

Un café expreso 80 mg.,

Las bebidas refrescantes “energéticas” (de cola normales y similares) 50 mg.

Una infusión de té negro 50 mg,

Una tableta (50 g) de chocolate negro unos 25 mg.

Una tableta (50 g) de chocolate con leche 10 mg.

 

En personas sin patología cardiovascular, menos de 300 mg/día previene de riesgo. Mayores cantidades pueden perjudicar a largo plazo la función cardiovascular. Recordemos que acelera el pulso.

Pero somos genéticamente diferentes y no a todas las personas, unos mismos niveles de cafeína afectarán igual, para bien o para mal.

La cafeína se metaboliza prioritariamente por la enzima hepática CYP1A2. Hay unos polimorfismos bastante frecuentes, del gen CYP1A2 (*1F). Los portadores tienen más actividad enzimática, por lo que eliminarán la cafeína más rápidamente.

Pero también muchos medicamentos son inhibidores potentes de la CYP1A2, por tanto, quien los toma, les frenará la eliminación de la cafeína, y les causará mayores efectos de insomnio, agitación etc.

Entre otros podemos citar: amiodarona, ciprofloxacino, diclofenaco, cimetidina, cola de caballo (equisetum arvenses), o taurina.

La nicotina es un inductor de la enzima CYP1A2, por lo que los fumadores eliminarán la cafeína más rápidamente que los no fumadores.

Termino, hoy el tema es cotidiano. Sin embargo, creo merece la pena puntualizar sobre los efectos positivos y negativos de un producto, que es de uso diario, para una gran mayoría de personas.

Dr. Juan Sabater Tobella
European Specialist in Laboratory Medicine (EC4)
Member of the Pharmacogenomics ResearchNetwork

Presidente de Eugenomic

 

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