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Las benzodiacepinas (BDZ) pertenecen al grupo farmacológico de los ansiolíticos. Son medicamentos que actúan sobre el sistema nervioso central reduciendo la angustia y la ansiedad del paciente. Generalmente se utilizan para tratar los síntomas de nerviosismo, insomnio y ansiedad. El fármaco ansiolítico ideal es aquel que alivia o suprime el síntoma de ansiedad, sin producir sedación o sueño.

El consumo de benzodiacepinas en España crece de forma alarmante y ha pasado de 57 dosis diarias definidas (DDD) por 1.000 habitantes en el año 2.000, a 89 (DDD) en el 2.012, cuando en Alemania es tan sólo de 18 (DDD), 19 (DDD) en Inglaterra, 52 (DDD) en Italia, 76 (DDD) en Francia, y 83 (DDD) en USA.

En USA en el año 2014 se registraron 8.000 muertes por sobredosis de benzodiacepinas. La gente ve aumentar sus problemas, siente más ansiedad y se prescriben más ansiolíticos, así de sencillo pero así de alarmante, pues las benzodiacepinas tienen muchos efectos adversos. Pueden ser útiles en momentos puntuales, pero no deben emplearse como una solución a problemas personales o sociales, que en todo caso deberían ser tratados por especialistas o psicólogos y no, mediante “pastillas”.

El consumo habitual, y por tiempo prolongado de benzodiacepinas, produce deterioro cognitivo, falta de atención que puede ser grave en la conducción (en el 10% de accidentes de tráfico en Francia se han detectado niveles altos de BDZ), más riesgo  de osteoporosis, más riesgo de caídas por somnolencia y por tanto de fracturas, con especial gravedad en personas de edad, y como demuestra un trabajo realizado en Canadá, un 50% de aumento del riesgo de Alzheimer. Recomendamos sobre todo a los médicos de atención primaria que sean muy prudentes al prescribir BDZ, y tenerlo especialmente en cuenta en los centros geriátricos.

También en diversos centros de atención primaria de Boston, han revisado la prescripción de benzodiacepinas y han lanzado un toque de atención, pues se prescriben a personas que en sí, ya tienen hábitos de vida o patologías que pueden ocasionar los efectos adversos secundarios de las benzodiacepinas, como son tabaquismo, alcoholismo, EPOC, osteoporosis, apnea del sueño y asma.  Los autores del estudio alertan sobre este importante problema, ya que actualmente se están prescribiendo BDZ sin tener en cuenta las personas predispuestas a sufrir efectos adversos, debido a su consumo.

 Somos genéticamente diferentes y por tanto cada persona reacciona de forma diferente ante determinados medicamentos, aun con dosis adaptadas “según protocolo”. Alteraciones de los genes CYP3A4, CYP2C19 y CYP1A2, pueden influir individualmente, sobre el nivel de benzodiacepinas en sangre.

Pero no basta con los genes, se debe tener en cuenta también la interacción con otros medicamentos, ya que la comedicación con fármacos que inhiben o inducen las enzimas CYP3A4, CYP2C19 o CYP1A2 pueden influir sobre sus niveles plasmáticos, aunque el paciente no tenga alteraciones genéticas.

Un ejemplo, una persona que toma benzodiacepinas de acción corta para dormir, por ejemplo alprazolam, pero toma también un inhibidor potente del CYP3A4 (por ejemplo toma habitualmente verapamilo para la hipertensión), esto le ocasionará tener niveles más altos de alprazolam y por tanto tendrá un más alto riesgo de accidentes por somnolencia. Al prescribir benzodiacepinas no se debe olvidar la Farmacogenética.

Dr. Juan Sabater-Tobella
European Specialist in Clinical Chemistry and Laboratory Medicine (EC4)

Member of the Pharmacogenomics Research Network

Presidente de Eugenomic®

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Última revisión: Nov 6, 2018 @ 5:22 pm