Este blog me lo han sugerido los datos del Ministerio de Sanidad, sobre el consumo de alcohol en adolescentes.

El 75,1% de los adolescentes de 14-18 años, ha consumido alcohol alguna vez en su vida.

6 de cada 10 adolescentes, se han emborrachado alguna vez en su vida.
Y 1 de cada 3, lo ha hecho en los últimos 30 días.

La nota del Ministerio, textualmente dice, el cerebro de los adolescentes es especialmente vulnerable a los efectos del alcohol.

En los últimos años, numerosos estudios científicos demuestran la asociación del consumo de alcohol y el daño cerebral en los adolescentes.

El alcohol es una droga legal, pero droga al igual que el tabaco.

Las drogas causan dependencia. De la dependencia viene la adicción. Y con el tiempo la adicción, desencadena la necesidad de más dosis.

Sin olvidar que, a partir de determinadas dosis, los efectos nocivos son muy graves.

Un estudio realizado en Francia, publicado en  The Lancet, dice:

De 31.624.156 adultos incluidos en el estudio, y dados de alta en diversos hospitales franceses, entre el año 2008 y 2013, 1.109.343 fueron diagnosticados con demencia.

Los casos de demencia de inicio temprano, fueron 57.353 casos, (5,2%). La mayoría, 22.338, estaban relacionados con el alcohol, o tenían un diagnóstico adicional de trastornos por consumo del mismo.

El trabajo concluye lo siguiente:

Los trastornos por consumo de alcohol fueron un factor de riesgo importante para la aparición de todos los tipos de demencia, y especialmente la demencia de inicio temprano.

Creo debiera considerarse la detección de consumo más o menos excesivo de alcohol, como una parte necesaria de la atención médica regular, con intervención o tratamiento, cuando éste sea necesario.

Al margen de considerar otras políticas para reducir su consumo en exceso, y muy en particular, en los adolescentes.

El 27 de setiembre de este año, en la revista JAMA, se ha publicado otro trabajo en el mismo sentido, realizado en ancianos.

Trabajo que utilizó datos del Estudio de Evaluación de la Memoria de Ginkgo  realizado entre el año 2000 y 2008, entre los participantes de viviendas comunitarias de USA.

Evaluó 3.021 participantes (46% mujeres) de 72 años o más. Se siguieron una media de 6 años.

Encontraron que, consumir más de 2 bebidas alcohólicas diarias, se asoció con puntuaciones cognitivas más bajas.

Presentaban también una ligera demencia, beber menos de una bebida por semana, (con un factor de riesgo de 1.47).

Sin embargo, el consumo bajo de alcohol, un vaso o máximo dos al día, en los que no tenían ningún factor de demencia, en relación a los abstemios, se obtuvieron resultados positivos.

Otro factor que introdujeron, es que el riesgo de efectos cognitivos perjudiciales del alcohol, es más fuerte en las personas que tienen el genotipo ApoE4/ApoE4.

Es decir, introducen ya el factor genético individual. No todas las personas responden igual, pues todos somos genéticamente diferentes.

De la lectura de estos dos trabajos recientes, sacamos una conclusión que ya sabíamos, pero con datos científicos:

Que un adulto beba con moderación, no es perjudicial. Pero beber con moderación, cuando se tiene ya algún problema cognitivo es malo.

Pero beber lo mismo, puede causar efectos diferentes en función de los genes de cada persona.

Volvemos al inicio, se debe vigilar el consumo de alcohol de los jóvenes: y no sonreír o consentir, porque “es cosa de jóvenes”.

El botellón y las borracheras del fin de semana, son una puerta para la demencia precoz.

Con esta permisividad, está en juego el futuro de las nuevas generaciones, o lo mismo que decir que, de estos chicos, mujeres y hombres, devendrá el futuro intelectual y como personas de nuestra sociedad.

Se deben promover grandes esfuerzos de divulgación y sobre todo destinar más esfuerzos en formación, y en particular evitar, que los jóvenes abusen del alcohol.

Finalmente, termino con un fármaco, el paracetamol, medicamento, que es la primera causa de ingresos a urgencias por fallo hepático.

Motivo: la enzima del hígado CY2E1 lo transforma en NPQ1, uno de los tóxicos hepáticos más potentes que se conocen. El alcohol induce esta vía, es decir aumenta la toxicidad del paracetamol.

Beber alcohol y tomar paracetamol, es destrozar el hígado.

Dr. Juan Sabater -Tobella
Eurppean Specialist in Laboratory Medicine (EC4)
Member of the Pharmacogenomics Research Network

Presidente de Eugenomic

 

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